Lo que pasa en tu cerebro cuando pasas por una ruptura amorosa

La ciencia explica qué es lo que sucede en el cerebro de una persona cuando termina una relación.

Lo que pasa en tu cerebro cuando pasas por una ruptura amorosa
Lo que pasa en tu cerebro cuando pasas por una ruptura amorosa

En algún momento todos hemos pasado por una ruptura amorosa, en algún punto de nuestra vida hemos perdido alguien a quien a amamos, sea porque nos dejó, porque lo dejamos o porque simplemente nuestro caminos se separaron.

Todos los procesos de despedidas dejan vacíos, preguntas sin respuestas y un dolor difícil de explicar. Cuando se dice que el "amor duele" no es solo una expresión, es real. Porque cuando pasas por una ruptura tu cerebro también pasa por un proceso. 

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Estudios científicos han mostrado que las parejas implicadas en relaciones a largo plazo desarrollan memorias interconectadas, convirtiéndose cada individuo en parte de un sistema del que dependen ambas personas. Cuando la relación se acaba, esa desconexión se vive de una manera traumática. Es como si nos hubieran amputado una extremidad, y el cuerpo reacciona anhelando esa dependencia aprendida, de una manera similar al síndrome de abstinencia de quien está enganchado a cualquier sustancia.

"El proceso de ruptura es como volver a enamorarse, pero al revés. Las reacciones a nivel neuronal provocadas por la pasión romántica son similares en ambos casos", explican los científicos. 

El disgusto de la ruptura activa procesos neuronales concretos en nuestro cerebro. Todo lo que nos recuerda a la persona amada sigue desencadenando actividad en el denominado "circuito de recompensa cerebral", que desempeña un papel fundamental en la motivación, el deseo, el placer y la valoración afectiva.

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Pero existe otra similitud a tener en cuenta: las partes del cerebro que se activan en esas situaciones, son también las partes que responden al consumo de sustancias como el alcohol, la cocaína o la nicotina.

En todos esos casos, el patrón es el mismo: la activación de las neuronas localizadas en ese "circuito de recompensa" provoca la liberación de dopamina, y esos flujos de dopamina activan circuitos en el cerebro que nos dejan con ansias de más, con esa sensación de deseo apremiante que, llevado al extremo, puede provocarnos el "mono amoroso", un síndrome de abstinencia.

Diversos estudios han comprobado que a medida que una relación romántica se va desarrollando, esa "ansia de más" que nos provoca la idea de la persona amada se va mitigando, pero tras la ruptura vuelve a inundarlo todo. Los sistemas de recompensa del cerebro aún esperan recibir su chute amoroso, pero no obtienen la respuesta adecuada —la relación ya es historia, la dosis del otro no llega—. Su reacción, como sucede con las drogas, es "subir el volumen" de esa llamada.

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Ese sistema de recompensa cerebral demandando su dosis a gritos es el que nos lleva, en última instancia, a comportarnos de forma impulsiva, miserable o estúpida después de una ruptura. Cuando le escribes mensajes patéticos a tu exnovia, o cuando buscas sexo loco y con cualquiera después de haberlo dejado con ella, en realidad sólo estás respondiendo a los desbarajustes químicos de tu cerebro.

Estudios enfocados a estudiar la actividad cerebral de personas hundidas tras una ruptura muestran que, más allá de los sistemas de recompensa, los estados de abatimiento romántico también generan actividad en regiones cerebrales que controlan la angustia y el dolor físico.

Más exactamente, los resultados de esos trabajos muestran actividad en los sistemas que controlan la manera en la que el cuerpo reacciona ante el dolor. En respuesta a esos estímulos, esos sistemas pueden desencadenar reacciones como, por ejemplo, liberar hormonas del estrés que pueden afectar a la actividad normal del sistema digestivo o el corazón.

En resumen, el amor, cuando se acaba, duele. El sufrimiento físico es real, y puede alargarse durante meses.

Con Información de Playgroundmag

 

 

 

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